Colaboración con el Centro de Innovación Gastronómica de Aragón (CIGA)
Cuatro jornadas para cambiar un jardín.
Cuando nos dijeron que íbamos a colaborar con el CIGA de Huesca, en Walqa, no imaginábamos lo que nos esperaba. La misión era clara: conocer, analizar y proponer acciones para revitalizar el jardín que recibe a quienes entran en el centro.
Para iniciar el proceso utilizamos la metodología de Aprendizaje Basado en problemas en el que el reto ha consistido en revitalizar el jardín, en un período determinado, atendiendo a las condiciones climatológicas, y aplicando conocimientos de Xerojardinería.

Llegamos con ganas, pero también con dudas. ¿Podríamos hacer algo significativo en solo cuatro jornadas?
El primer día lo dedicamos a observar y a entender. El jardín estaba bonito, sí, pero se notaba cansado: malas hierbas por todas partes, jardín de piedras que necesita un aireado, ramas y arbustos secos, camino lateral de entrada difuso. Analizamos cada rincón, tomamos notas, y entre todos empezaron a surgir ideas. Esa primera toma de contacto nos hizo sentir de verdad como aprendices, pero también como personas responsables de un pequeño ecosistema.
A partir de ahí, nos pusimos manos a la obra. Hemos desherbado a conciencia, eliminando vegetación seca, pasamos la desbrozadora, recolocamos la grava, aireamos el jardín de piedras perimetral, realizamos los alcorques, replantado. El desbroce nos dejó agujetas, pero también la satisfacción de ver cómo el espacio empezaba a abrirse, a mostrar su verdadera cara. Podar ramas fue todo un reto: había que decidir qué cortar sin dañar, pensando en la salud del árbol y en la luz que necesitaban las plantas de abajo.
Días 3 y 4
Pero si hubo un momento que nos unió como equipo, fue la construcción del camino de piedras de la entrada lateral. Cavamos surcos con azada y pala, con el sol pegando o con el frescor de la mañana. Insertamos el geotextil con precisión milimétrica, sabiendo que sin esa capa invisible, el camino volvería a llenarse de hierbas en semanas. Después, colocamos la grava, plantamos plantas aromáticas comestibles como símbolo de unión con lo que se realiza en el CIGA, donde converge cocina, cultura y sostenibilidad.
Lo más valioso de todo ha sido aplicar en un contexto real lo que aprendemos en clase. Este formato te prepara como medir los tiempos reales, coordinar tareas con tus compañeros para realizarlas en un tiempo determinado, y enfrentarte a imprevistos: riegos no programados, calor anticipado, recolocar la grava descargad, una raíz rebelde, o el cansancio acumulado.
Aprendimos que en cuatro días no se hace magia, pero sí se puede lograr un cambio profundo si trabajamos con cabeza, con corazón y con un buen plan.
Hoy, cuando miramos atrás, no vemos solo un jardín más limpio o un camino bonito. Vemos el esfuerzo de nuestras manos, las risas entre saco y saco de malas hierbas, y la mirada agradecida del equipo del CIGA. Nos vamos con la certeza de que el aprendizaje-servicio no es una frase bonita: es actuar, transformar y sentir que lo que haces importa.
Os invitamos a visitar el jardín en el CIGA
Noticias relacionadas
julio 7, 2026
SERIES 1. Entrevista en Barbereta
De alumno trabajador a entrevistador en Viveros Barbereta. Conocer para…
junio 30, 2026
VIVEROS OLIVÁN DESDE OTRO PUNTO DE VISTA
Cómo la jardinería y agricultura del futuro debe ser: resiliente, tecnológica,…
junio 16, 2026
Cuidados del césped del Alcoraz.
Los secretos del césped en la Ciudad Deportiva y El Alcoraz: desde la…













